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Jhon G. Lazos[1]

Es Santa sin ser mujer;
es rey sin cetro real;
es hombre, mas no cabal
y sultán al parecer.
Adivinanza popular

Cómo se gestó este Te Deum
Sí cada obra tiene una historia, la de este “Te Deum” es singular. Y qué mejor lugar para empezar, ahora que celebramos el mes patrio, que hablar de una pieza escrita durante las primeras décadas del México independiente.

Corría el año de 1835 cuando el Cabildo Metropolitano, el cuerpo administrativo de la Catedral Metropolitana, ofreció al General Antonio López de Santa-Anna (1794-1876), una invitación por su recién obtenida victoria en la batalla de Zacatecas. Había que obsequiarle un solemne Te Deum. Así que dentro entre la estira y afloja de eventos y arreglos, un joven organista, y también compositor, buscaba escalar posiciones en la iglesia más importante del país. Para ello, José Antonio Gómez (1805-1876) escribió su Te Deum Laudamos para voces solistas, coro, órgano y toda orquesta en cuestión de días

Y lo mejor del caso, la Orquesta Sinfónica de Xalapa va a interpretar esta obra el viernes 23 y el sábado 24 del presente.[2]  

Todo comenzó con una iniciativa de ley para eliminar la milicia cívica en los estados. La presencia de estos cuerpos armados, decían los estados, era para su protección y para la seguridad de sus pobladores. Aunque eran también, por otro lado, grupos que contravenían al dominio del poder Federal. La mayoría acató el nuevo orden, pero no Zacatecas, creando un “serio peligro para la estabilidad de la nación.”[3]

La opinión pública le entró al quite. El Gobierno no se iba a cruzar de brazos, menos sí Zacatecas intentaba negar su obediencia al supremo General, rematando que puede sacar sus “soberanas uñas para destrozar” los altos poderes, claro, sí se dejan. Si la llamada de atención no parecía ser suficiente, el mismo periódico atiza el tono para dejar en claro que…

El Aníbal mexicano [Santa-Anna por supuesto] va á Zacatecas, porque en amor y en guerra es preciso verse las caras. Esos poderes fanfarrones y fascinados, que quieren dictar la ley á la nación, tendrán que obedecer á la voluntad de esta por grado ó por fuerza, mal que le pese á su rebelde y orgullosa soberanía. ¡Ojalá y lo mismo se haga con cuantos quieren sacar las uñas indebidamente de su soberano estuche![4]

Santa-Anna, ya retirado en su hacienda en Veracruz, tuvo que cambiar de planes. Al mando de su ejército, el Generalísimo tomó rumbo hacia al estado del norte. El anunciado conflicto bélico inició en la madrugada del lunes 11 de mayo de 1835. El gobernador de Zacatecas mandó a un fiel oficial, escaso en asuntos militares, con la sola misión de montar la defensa ante un experimentado y hábil Santa-Anna. La batalla no duró ni siquiera las dos horas. Hubo muchos prisioneros, pocos muertos, y con ello “concluyó el terrible espanto del ejército, y el gran coloso que quería destruirlo.”[5]

Una victoria así de aplastante habría solo de reafirmar la posición del Gobierno Federal. En contraste, para Zacatecas fue una derrota decisiva. Además del saqueo sufrido, tuvo que ceder parte de su territorio conformándose el Estado de Aguascalientes. Mientras tanto, los festejos por una batalla, aun efímera, estaban por iniciarse. En este caso, el periódico la Lima de Vulcano publicó el detallado itinerario de Santa-Anna quien llegaría a la ciudad de Querétaro, para recibir

…las mas vivas demostraciones de júbilo y entusiasmo [al día siguiente en punto de las] nueve llegará a la ciudad de Guadalupe, donde se cantará un solmene Te Deum y se harán á S. E. los honores militares. Pasará en seguida á Tacubaya, debiendo hacer su entrada en esta capital el domingo 21, para satisfacer la ansiedad que para cumplimentarlo manifiestan sus habitantes.[6]

Al mismo tiempo que se sumaban los festejos, el Cabildo Metropolitano se estaba organizando para recibirlo en su máximo recinto. Con tal motivo, la Comisión presentó la siguiente exquisita propuesta: 

…se reunió hoy el Ilmo. Cabildo para oír á la Comisión y al Sr. Moreno manifestó los pasos que había dado con el Sup.mo Gobierno, esponiendole las disposiciones del Ilmo. Cabildo para obsequiar el Exmo. Sr. Gral. Presidente D. Antonio López de Sta. Ana el día de su publica entrada á esta capital; y en virtud de esto se acordó que en el haya con Solemne Te Deum, y concluido se ponga un esquisito refresco, para cuyos gastos queda autorizado la Haceduria.[7]

Un domingo en la Catedral
Visualicemos un domingo, no cualquiera, en la Catedral Metropolitana colmada de la presencia de las élites políticas, religiosas y sociales rindiendo homenaje a la figura del momento: Santa-Anna. Teniendo la mesa puesta ¿Qué podía hacer un joven y ambicioso organista para estar presente en esta anunciada celebración?

En mi opinión, y hasta probar lo contrario, José Antonio Gómez fue el filarmónico más activo y productivo del siglo XIX mexicano. Esto a pesar de que la literatura de la música mexicana ha intentado distanciarlo reduciéndolo indiscretamente. En breve, entre su vida y obra tenemos un siglo ininterrumpido de quehacer musical. Veamos algunos destellos de sus actividades: 

  • En 1821, y a unos meses antes de consumarse la independencia, un adolescente Gómez ya estaba sirviendo como tercer organista de la principal iglesia del país.
  • Su ascenso como segundo no se habría de esperar; pero era la plaza de primer organista donde tenía su mirada puesta.
  • La situación financiera había mermado la afamada Capilla Musical y la posición de Maestro de Capilla en la Catedral
  • Ser primer organista implicaba asumir el cargo de mayor responsabilidad y reputación dentro de la Iglesia.
  • Solo había que guardar paciencia y esperar a que se presentara el momento idóneo.
  • Gómez sabía muy bien lo que se estaba jugando en este domingo; no nada más su futuro dentro de la Catedral, pero su posteridad en los anales de la música en México.

No hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no llegue. En su lista de obras mayores, Gómez nos comenta sobre su “gran Te Deum que trabajó en solos dos días y medio”.[8] La excepcional “Partitura Original”, porque son contadas, cons­ta de más de cien folios además de sus 36 partes instrumentales: cuatro voces solistas, coro, gran orquesta y órgano. No hay ningún disimulo de quien es destinatario: Santa-Anna.


Figura 1: Entrada del Te Deum de Gómez, portada y primer folio, que forma parte de su catálogo musical.[9]

La tinta seguramente habrá estado fresca en el manuscrito para su estreno. Recordemos, el Cabildo había decidido obsequiar una semana antes a Santa-Anna un Te Deum. Gómez habrá entonces tenido que maquinar a contratiempo los siguiente:   

  • Primero, hacer proezas para convencer al Cabildo de que él, el segundo organista de 30 años podía escribir una obra digna para el Generalísimo y los concurrentes.
  • Segundo, tener tiempo suficiente para sentarse a escribir un monumental himno cuya dotación exigía, según su concepción musical, de versátiles solistas, coro y una orquesta completa.
  • Tercero, si no los tenía asegurados, de buscar y comprometer a los solistas, al coro como a varios de sus colegas filarmónicos para estudiar, ensayar e interpretar una obra nueva.

Aun así, nos queda claro que el éxito no está garantizado. Hay que esperar el reconocimiento público. Leamos la crónica y prestar atención al verbo y el adjetivo en la última frase:

La solemnidad con que se celebró la entrada del general presidente Don Antonio Lopez de Santa-Anna en esta capital el domingo último, ha sido una de las mayores pruebas de afecto y gratitud que se pueden dar…Entre las cosas que solemnizaron la entrada de S. E. en el mencionado domingo, ha merecido singulares aplausos el Te Deum que se cantó en la Catedral, y dicen fué compuesto por el hábil profesor D. José Gómez.[10]

Sin formalidades, la plaza de primer organista
Todo parecía salirle a modo al joven filarmónico. Además del estreno de esta gran obra, la plaza de primer organista estaba vacante. Gómez se presentó como el único e ideal candidato ideal. El Cabildo le ofreció la plaza con todos los votos. Pero eso no fue todo. En la Acta se hizo nota de su calidad como pretendiente, como de profesor, y por las piezas recién escritas, entiéndase su Te Deum. Los elogios no parecían ser suficientes:

Se dio cuenta con un escrito de D. José Antonio Gómez, único pretendiente; y habiendo mani­festado el Sr. Chantre que su instrucción era notoria, y había dado Gómez pruebas de ella, en el tiempo que desempeñó esta plaza como por las piezas que ha compuesto en las veces que para ello lo ocupó S. S. en tal virtud era de dictamen que por las circunstancias referidas se proveyese en él la plaza referida, sin necesidad de las formalidades de estilos y suficientemente discutido, se procedió al nombramiento de primer organista y salió D. José Antonio Gómez con todos los votos.[11]

El destino de Gómez no estaba en simplemente en pulsar el órgano. La mirada del primer organista ya estaba puesta en el ámbito secular, en donde dejaría una gran huella como pionero de nuestro medio musical. Los caminos de Gómez y Santa-Anna se volverían a cruzar, y por última vez, años después, durante el muy platicado Himno Nacional y la plaza de director del Conservatorio que no llegó a abrirse.

Epílogo
Escuchar el Te Deum de Gómez, considerando nuestras expectativas sobre el México del siglo XIX, es toda una relevancia. Sobre todo, cuando nuestros parámetros musicales identifican un puñado de obras como “mexicanas”. En contraste, escuchar, a casi dos siglos de distancia, aquellos sonidos son, por lo menos para uno que ha seguidos de cerca los pasos del este filarmónico, una agradable sorpresa que tira por la borda los prejuicios establecidos e impuestos dentro de nuestra narrativa musical.

Me queda claro que la gestación del Te Deum de Gómez es singular; pero nos deja ver, por otro lado, más allá del ámbito político y religioso de entonces, que había músicos de calidad capaces de escribir y ejecutar obras complejas que incluían virtuosismo vocal, solos instrumentales, y que cuyo fin era el buscar su lugar para la posteridad, en un escenario tan significativo como lo es la Catedral Metropolitana.

Montreal, PQ, Canadá
Septiembre, 2022

[1] Todas mis colaboraciones se pueden consultar en: https://independent.academia.edu/JohnGLazos
[2]
El concierto del viernes 23 se podrá escuchar en vivo en radio: https://www.uv.mx/radio/transmision/
Y una semana más tarde en el canal de YouTube de la OSX: Orquesta Sinfónica de Xalapa - YouTube
[3] Martín Escobedo Delgado (2019). Oportunidades y retos de la transición política: las autoridades de Zacatecas frente al cambio de régimen, 1808-1835. Rúbrica Contemporáneo, 8, 15.
[4] El Mosquito Mexicano, 1835, 14 de abril, 4.
[5] El Mosquito Mexicano, 1835, 26 de mayo, 1.
[6] Lima de Vulcano, 1835, 16 de junio, 4.
[7] Archivo del Cabildo Catedral Metropolitano de México (ACCMM): Actas de cabildo, Libro 73, ff. 268r-268v, 13 de junio de 1835.
[8] Rivera, Galván ed. (1840). Calendario de las Señoritas Megicanas para el año bisiesto de 1840, México, portal de Agustinos No. 3, 199.
[9] John G. Lazos cat., (2016). “José Antonio Gómez y Olguín (1805-1876) y su Catálogo musical: Un acercamiento a la práctica musical del México decimonónico [English introduction included]”, FONCA, México, 30.
https://www.academia.edu/29078818/_Jos%C3%A9_Antonio_G%C3%B3mez_y_Olgu%C3%ADn_1805_1876_y_su_Cat%C3%A1logo_musical_Un_acercamiento_a_la_pr%C3%A1ctica_musical_del_M%C3%A9xico_decimon%C3%B3nico_English_introduction_included_2016
[10] El Mosquito Mexicano, 1835, 27 de junio, 4.
[11] Archivo del Cabildo Catedral Metropolitano de México (ACCMM): Libro 73, f. 273r, 17 de julio de 1835.