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Búsqueda avanzada

Los fondos antiguos preservados en México guardan numerosas sorpresas para el investigador, cualquiera que sea su rama de trabajo. En mi caso, llevo varios años centrada en las relaciones interculturales entre China y Occidente, incluyendo las desarrolladas de forma tangencial en el México virreinal gracias a las rutas transpacíficas que conectaron al Virreinato de Nueva España con la península ibérica y con Filipinas en el Extremo Oriente. Esta triangulación, instaurada a finales del siglo XVI, benefició no sólo al comercio español, sino también a la cultura novohispana, dando lugar a nuevas imbricaciones culturales, así como hibridaciones artísticas, por ejemplo, en la cerámica de Talavera poblana.

En el mundo del libro, la herencia es más sutil. La presencia de China se lee y se respira en las miles de páginas desconocidas para el público general, que surgieron de las imprentas europeas, e incluso mexicanas y filipinas, para hablar del encuentro del Otro. Desde el mismo momento en que los ciudadanos ibéricos –portugueses y españoles– arriban a las costas de China en sus incursiones finiseculares del siglo XVI, surgen en paralelo las primeras relaciones directas sobre el lejano país, tras más de un siglo de vacío, puesto que los últimos relatos de este tipo databan del siglo XIV.

Dado que mis últimas investigaciones me habían llevado a la consulta cada vez más amplia de textos antiguos sobre China, y que había iniciado una colección particular de estos en PDF que rebasa hoy en día los 500 títulos diferentes –siglos XVI al XVIII–, empecé a preguntarme cuántos títulos sobre China llegaron al virreinato y qué se podía hallar en la actualidad. Las primeras herramientas a la mano fueron obviamente virtuales; es así que inicié mi búsqueda consultando decenas de bases de datos disponibles en línea para el investigador, conformadas no sólo por aquellas incluidas en la ADABI y en el Catálogo Colectivo de Fondos Antiguos, sino por otras que están fuera de los circuitos habituales, junto a las originales de varias instituciones englobadas o no en las dos primeras. Esto me dio un panorama del volumen de libros que puede hallarse en estos fondos, y que se

reparten por ahora en 25 bibliotecas nacionales, a las que se añade el fondo de la Colección Sutro, en Estados Unidos de América, por tener un origen mexicano virreinal. Hablamos, tentativamente, de unos 90 autores diferentes y de unos 340 libros, si bien la cifra está en constante revisión y ampliación.

A este grupo inicial hay que añadir aquellos fondos que no están recogidos en ninguna base de datos digital, como por ejemplo los de la Biblioteca Librado Basilio de la Preparatoria Benito Juárez en Xalapa, Veracruz, que yo misma he revisado en numerosas ocasiones, y que a pesar de ser muy pocos, son de gran valor. Es difícil censar aquellos que están presentes en colecciones más pequeñas, sin catálogo disponible, o las de colecciones particulares a las que se tiene difícil acceso.

De cualquier manera, esta primera etapa de investigación arroja un panorama singular, copado por los títulos dedicados al asunto religioso en China y en Asia, esto es: el avance de la fe católica a través de la labor proselitista de las diversas órdenes religiosas que se posicionaron en el Extremo Oriente desde finales del siglo XVI. Aquí se da un espacio notable a la Controversia de los Ritos Chinos: famoso debate de los siglos XVII y XVIII sobre si ciertas prácticas ancestrales chinas como el culto a Confucio y a los Antepasados, eran de carácter civil –según los jesuitas–, o religiosas y por tanto heréticas –según dominicos y franciscanos–.

Sin embargo, la curiosidad de la élite ilustrada novohispana fue más allá y las noticias sobre China eran devoradas con gran interés: historia, geografía, sociedad, religión, vestimentas, leyes, castigos, ciudades, comercio, flora, fauna, costumbres, y un largo etcétera. Vemos desfilar títulos notables como la China Illustrata[1] de Athanasius Kircher (h. 1601-1680) de 1667, Mémoires concernant l’histoire, les sciences, les arts, les moeurs, les usage, etc, del chinois… (1776) de Joseph-Marie Amiot (1718-1793), o Istoria de las cosas mas notables, ritos y costumbres del gran reyno de la China (1586) de Fray Juan González de Mendoza (1545-1618). Por lo general están en los idiomas más habituales de la época: español, francés, italiano, latín, portugués, e inglés. Hallaremos también algunos manuscritos inestimables. Lamentablemente, los catálogos o índices virreinales arrojan luz sobre lo perdido, como el diccionario manuscrito intitulado Arte de idioma mandarino, atribuido a Fray Juan de Jesús (s. XVII), que formaba parte del acervo de la antigua biblioteca de San Francisco de México.

Estos títulos nos hablan de una pasión por China que era compartida por igual en Europa y en sus territorios de ultramar. No obstante, falta por hacer el verdadero trabajo de campo que consiste en recoger cada uno de los catálogos virreinales de las numerosísimas bibliotecas presentes en colegios, universidades, monasterios, conventos, bibliotecas públicas –como la Palafoxiana en Puebla, ya consultada– y particulares, para hacer un censo siquiera más aproximado de los ingentes títulos dedicados a China en este periodo. Con todo, el número resultante seguiría siendo incompleto, dado que no se conservan la totalidad de los catálogos de la época. Por fortuna, los libros presentes hoy en día son suficientes para hacer un primer análisis y constatar la riqueza de esta temática en la sociedad virreinal, y su legado a la cultura universal.

Dra. Ma. Teresa González Linaje
Universidad Veracruzana
tergonzalez@uv.mx


[1] China monumentis: qua sacris quà profanis nec non variis naturae [et] artis spectaculis aliarumque rerum memorabilium argumentis illustrata, Amsterdam: por Janssonius a Waesberge o por  Jacobum à Meurs.