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Estas son las tres primeras palabras de la famosa cédula de excomunión, de la Universidad de Salamanca, dirigidas a todos los usuarios que no regresaran los libros al acervo documental.

Sin embargo, las prácticas de los antiguos bibliotecarios también incluían maldiciones para aquellos que robaran, mutilaran o maltrataran los libros, objetos que, en el medioevo, tomaban años en crearse, y por lo tanto, su valor era directamente proporcional a su belleza y/o importancia.

Para saber más:
> Protect Your Library the Medieval Way, With Horrifying Book Curses