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El pasado jueves 25 de julio se realizó, en la Biblioteca Cossío, la vigésimo quinta tertulia de ADABI de México, con un tema fuera de serie, la restauración de unas figuras de chocolate: "Historias de chocolate: un ejemplo de conservación del patrimonio gastronómico". Para abordar este tema inédito en México, pues es la primera vez que se realiza en el país y la segunda en el mundo, se invitó a una de las restauradoras autoras del trabajo, Claudia del Río, a presentar el resultado de su labor.

Para iniciar su charla, la también maestra de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, Manuel del Castillo Negrete, describió este proyecto como una aventura que no hubiera sido posible sin la ayuda de la encargada del Archivo de La Cubana, María García Flores Chapa, impulsora y "autora intelectual" de este trabajo.

El hallazgo de las piezas se produjo organizando el archivo antes mencionado, localizado en las instalaciones de la Fundación Merced, antigua casa de la familia Munguía, dueños de la chocolatera La Cubana, quienes tuvieran su tienda en la esquina de Venustiano Carranza y Cruces, en el ahora Centro Histórico de la Ciudad de México.

A las piezas encontradas en una caja, la historiadora se ocupó en darles un espacio más digno, hasta que fueron intervenidas y pasaron en comodato a ser parte del Museo Mundo Chocolate.

Para poder iniciar la restauración se tuvo que conocer en primera instancia de qué estaban hechas las piezas, quién las consumía y cuándo habían sido creadas, para saber en lo posible qué podía o no, hacerse con las mismas.

Para realizar la intervención se formó un equipo multidisciplinario que incluyó también a un especialista chocolatero, lo que permitió conocer que los procesos para hacer las tablillas y las figuras eran distintos, desde el temperado del chocolate, el uso de los moldes, el pegado y el acabado de los mismos.

La familia Munguía emigró a México en la segunda mitad del siglo XIX y pronto estableció una fábrica de chocolates en la zona de la Merced, que poco a poco fue creciendo, hasta convertirse en una gran empresa con numerosos empleados; se tiene la teoría que la fábrica se denominó La Cubana a raíz de un viaje que hizo la familia Munguía a Cuba.

Los Munguía vendían sus productos en toda la república mexicana a través de un catálogo y varios de los chocolates ahí producidos obtuvieron premios a nivel nacional e internacional.

El proceso de restauración incluyó la elaboración de una ficha técnica por cada pieza,  misma que incluye una fotografía para el registro. Entre las figuras encontradas se pueden apreciar muñecas, caballos, una "bastonera" que se distingue de una bailarina porque tiene botas, tal como se consigna en los catálogos de venta. Las tablillas de chocolate se empleaban como bases de las figuras y se les ponía pasto simulado, también de azúcar. Se descubrió que un molde podía hacer varias figuras distintas y es en la vestimenta de las mismas en donde se notaba la diferencia.

Para la intervención de las piezas se utilizó cacao al 70% así como el polvo encontrado en la figura para que el nuevo cacao pudiera amalgamarse con más facilidad.

Antes de la intervención se hizo un rastreo a nivel mundial de trabajos semejantes que pudieran resolver las innumerables dudas al respecto del tratamiento del material, encontrándose solamente un caso documentado en el Reino Unido, en un pequeño museo, que consistía en una pequeña caja de herramientas hechas de chocolate, en donde se hizo solamente limpieza, consolidación y pegado.

Cada pieza, afirmó la restauradora, tuvo una ficha de registro que incluían nombre, fecha, elaborador, peso así como un registro fotográfico.

Los numerosos asistentes se mostraron muy entusiasmados tanto por el proceso de restauración como por las historias personales alrededor de La Cubana.