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Chocolate y filantropía

En la primera tertulia del año de Adabi en la Biblioteca José Lorenzo Cossío y Cosío, se presentó María García Flores Chapa con un tema nostálgico para todas aquellas personas que les tocó vivir y conocer a la chocolatería La Cubana, ubicada en la calle de Cruces y Capuchinas, hoy Venustiano Carranza, en el perímetro del Centro Histórico de la Ciudad de México.

La Cubana, de la cual no se tiene la razón del porqué de su nombre, fue propiedad de la Familia Munguía, españoles avecindados primero en Guanajuato y después en la Ciudad de México, y fue parte de una trilogía de negocios que abarcaron una imprenta y una fábrica de cigarros.

La fama y calidad de la chocolatería llegaba a todo México, y entre sus clientes distinguidos se encontraba Carmen Romero Rubio, esposa del entonces presidente Porfirio Díaz, según testimonios hallados en los documentos del archivo de la Fundación Merced, cuyo rescate está a punto de iniciar en colaboración con Adabi de México.

La Familia Munguía se distinguió por su alta calidad humana hacia su personal, preocupándose siempre por que tuvieran un bienestar tanto ellos como sus familias, mismo que se puede constatar en las diversas fotografías y pequeños documentos donde anotaron los diversos "extras" con los que apoyaban a sus trabajadores, desde unos anteojos hasta un préstamo.

La calidad de los productos de las empresas de los Hermanos Munguía los llevó a ganar un premio en la Exposición Universal de San Luis Missouri en 1904 por sus naipes, mientras que muchos otros los obtuvieron por su chocolate, documentos que pueden ser apreciados en el Museo del Chocolate, en donde se tienen unas piezas en comodato, que incluyen varias figuras de chocolate, que fueron restauradas, en un proceso que sólo se había realizado una vez en el mundo en Inglaterra.

En la década de los 70 del siglo XX, los hermanos Munguía deciden crear la Fundación Merced, que en conjunto con otras instituciones se dedican a apoyar diversas iniciativas en pro de mejorar la calidad de vida de los mexicanos en muy diversas categorías. La historiadora recalcó que los documentos que se rescataron de un palomar, dieron la pauta para ir creando poco a poco una historia sólida, basada en fuentes de primera mano, a contracorriente de lo que se tenía como una leyenda sobre la familia; asimismo, la recopilación de la historia oral ha permitido corroborar, reforzar o explicar lo que se conoce a partir de lo encontrado en los documentos.

Los presentes felicitaron a la ponente por su pasión y compromiso con la historia de la familia Munguía, pues de otra manera, los "papeles viejos" que se encontraban en la azotea hubieran desaparecido tarde o temprano.

Para saber más:
> Historias de chocolate: una tertulia sobre restauración y gastronomía