ADABI - Soñar libros en el XVI aniversario de ADABI



 

 

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Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, A.C. ha cumplido dieciséis años de una labor esencial para México: apoyar el rescate de archivos históricos y bibliotecas con libro antiguo, a través de diversas líneas de acción.

Este sueño que se ha transformado en acciones concretas en casi todo el país, ha sido el impulso de la memoria mexicana, tanto a nivel local como regional, así como su estudio y análisis dentro de los ámbitos académicos.

Ante la presencia de numerosos amigos y colegas, la celebración del XVI aniversario inició con las palabras de la directora Stella María Gonzáles Cicero quien además de agradeció a los asistentes su presencia, y a todos los que se "acuerdan" de la asociación.

En los meses que han transcurrido entre los 15 años y esta fecha, mencionó la doctora González, se ha cerrado una etapa y se han consolidado nuevas alianzas con organismos públicos y privados, que abre nuevos "horizontes" a favor de la conservación del patrimonio documental de nuestro país. Asimismo, hizo el anuncio de dos proyectos que serán importantes para este año: la reapertura de las oficinas de ADABI en Puebla, a invitación del Archivo Municipal de la capital de esa entidad, así la participación de la asociación, en la intervención de la biblioteca del Seminario Diocesano de Zacatecas, trabajos que serán a mediano plazo.

Estos proyectos, más otros que se añaden a la actividad cotidiana, no hacen más que transmitir el amor por el patrimonio documental de nuestro país.

Como plato fuerte del evento se presentó una exposición bibliográfica de la colección de George Foulkes, gran amigo de ADABI, quien a su vez introdujo al auditorio al mundo de la bibliofilia -amor por los libros- y la bibliomanía -afán irresistible por poseer libros-, categorías que se pueden excluir una con otra, o complementarse.

La charla de George Foulkes transcurrió, en un primer momento, con la narración de cómo se hizo conocedor y comprador de libros, mucho por el ambiente familiar, mucho por vocación propia.

Entre sus viajes voluntarios e involuntarios, ha conseguido sus libreros de "confianza", que clasificó en tres categorías: el "ilustrado, que sabe lo que vende y en cuánto lo vende; el que se considera ilustrado y cree que puede vender a sobreprecio, pero termina malbaratando; y el ignorante, que se conforma con vender mucho a precios bajos".

Fue esta última clase de vendedor quien le diera una definición de bibliófilo, a decir de Foulkes, de lo más atinada: "Ustedes, los que compran libros de viejo, son como los alcohólicos o los drogadictos, ven uno y no lo pueden dejar, pierden el sueño, pelean, insultan a sus esposas cuando éstas les reclaman, dejan sin comer a sus hijos, todo por comprar un libro".

A una pregunta del público sobre el futuro de los libros impresos, el maestro Foulkes, que ya había dado un antecedente en su charla, dijo que cada vez más se descartan los libros impresos, inclusive de grandes instituciones, que van a dar a las recicladoras de papel.

En el debate surgido, otro asistente, que se presentara a sí mismo como dedicado a sistemas, decía que el libro siempre va a ser un soporte confiable, mientras que el soporte digital era una plataforma muy delicada que podía perder la información irremediablemente con un descuido, por lo que se debe de apostar por algo híbrido.

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