Don Antonio de Sesma y Alencastre del Marquesado de Sierra Nevada a la Intendencia General del Ejército Insurgente 1754-1817



 

 

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Don Antonio de Sesma y Alencastre del Marquesado de Sierra Nevada a la Intendencia General del Ejército Insurgente 1754-1817

Don Antonio de Sesma y Alencastre del Marquesado de Sierra Nevada a la Intendencia General del Ejército Insurgente 1754-1817, de Jesús Trejo Huerta es una obra redactada a partir de la acuciosa investigación hecha por el autor en numerosos archivos históricos, entre los que destaca el de los descendientes de Don Antonio de Sesma.

Esta historia destaca por la humanidad de su personaje estudiado, como bien se dice en alguna de las líneas, él como otros de sus contemporáneos , padecieron: el descenso en las ligas de los bien pagados, un título nobiliario heredado con deudas y una esperanza rota de un ascenso que nunca llegó y que se tradujo en un seguramente doloroso y conflictivo cambio de bando una vez que llegó la insurgencia mexicana.

Permítanme desglosar lo anterior. Don Antonio de Sesma provenía de una familia ilustre que le permitió ostentar los escudos de su familia así como exhibir el título de marqués de Sierra Nevada, privilegio que trajo consigo la posesión de diferentes tierras en la zona del Golfo de México y en la zona de Navarra en la península ibérica. Al igual que otros de sus contemporáneos, De Sesma optó por hacer una carrera en la burocracia española en México, en vez de emprender una vocación agrícola o agroindustrial, pues antepuso el prestigio familiar ganado por la lealtad a la casa reinante que a los objetivos personales a corto o mediano plazo, intuyendo que posiblemente, las “gracias” reales le permitieran ser un buen burócrata y mantener su estatus de vida como marqués.

El caso de don Antonio de Sesma es, como lo afirma el autor, parte de un proceso de decepción a mediano plazo en donde la burocracia novohispana con nexos en la península fue cayendo cada vez más en la inconformidad en este lado del Atlántico, en una situación que a la larga se transformaría en una incomodidad patente, al no ver una respuesta a esa parte “emocional” y de tradición que era lo que realmente constituía los eslabones entre la corona y sus vasallos nobles; al perder todas las expectativas de recompensa ante la fidelidad manifiesta, la decepción colectiva fue disolviendo esos eslabones hasta que se resquebrajaron por el óxido del olvido y la nueva esperanza de un mundo distinto emanado de un movimiento libertador.

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