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Rescatistas del pasado

lunes 27 de mayo, 2013

Foto:Ollín VelascoEl décimo aniversario de una asociación civil que rescata las memorias de nuestro país, sólo podía ser bien festejado entre papeles antiguos. La institución Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (ADABI) no erró en la celebración: eligió las instalaciones pétreas del Archivo Histórico y Museo de Minería de Pachuca, Hidalgo, para brindar en honor de los archivos nacionales que valen la pena ser recordados siempre.

Libros que gritan

El estrado, listo. Todos los lugares, ocupados. Cámaras, murmullos y la biblioteca Juan Burgos de fondo. El inventario se abre y salen las historias, cifras y contratiempos de una década. Las labores de restauración, preservación y difusión bibliográfica de ADABI suben al templete. Se hace un balance: rescate de archivos eclesiásticos, privados y de bibliotecas antiguas en 28 estados de la República, 683 proyectos en curso y 599 títulos publicados. La lista sigue.

Los logros se reproducen a través de imágenes y de los micrófonos que presiden Stella Maria González Cicero, historiadora emérita, con 35 años en el ámbito de la bibliología; y la directora del recinto sede del evento, Belém Oviedo Gámez. No obstante, el tono de la exposición cambia al revelarse el tamaño del grupo de trabajo detrás de la faena: quince personas, más los voluntarios ocasionales.

Entonces sale a la superficie una realidad latente, que sobrepasa el brillo de los números: esta labor de arqueología documental ha sido considerada tradicionalmente como un campo árido, olvidado, en el que pocos incursionan y al que aún menos apuestan. Oviedo Gámez aventura que “si todos estos libros olvidados hablaran, gritarían de dolor por el abandono de años y el trato descuidado que han recibido”.

La riqueza inexplotada

Dicen que lo que no se conoce ni se valora, ni se cuida. Por fortuna, hubo a tiempo quien se aventurara como rescatista en esto. Stella González, Isabel Grañén Porrúa, Alfredo Harp Helú y Jorge Garibay fueron pioneros de la idea. Y empezaron a trabajar el proyecto hace mucho más de diez años.

Con la distancia que da el tiempo, se comprende que los que parecían papeles viejos en realidad eran mundos enteros por descubrir, en los que iban partes de nuestra historia nacional. “A veces el pasado pesa, duele. Los documentos son muestra de nuestros aciertos y desaciertos; son el soporte de las futuras generaciones”, agrega Oviedo.

Al frente se proyectan imágenes de tomos empolvados, rescatados del interior de minas, cementerios, catedrales o de manos irresponsables. Entonces Stella González, quien dejara la dirección del Archivo General de la Nación para dedicarse completamente a ADABI, toma la palabra. Y alecciona.

Según sus palabras, si en México hay una gran riqueza inexplotada, es su memoria documental. Pero su salvaguarda aún nos rebasa con creces. “Es un error descuidar el presente. Y aún más el pasado, pues lo que vivimos ahora sólo se entiende gracias a la iluminación y cuestionamiento de lo ya vivido”. Sin historia no hay identidad.

Oro oculto

El par de ponentes coincide en que a dicho material vale la pena quitarle el corsé, sacarlo de su exilio por omisión y ponerlo al servicio de la comunidad. Pero la idea de que no es fácil también llega aparejada. De un lado asoma una cuestión cultural; por el otro se vislumbran dificultades de financiamiento.

ADABI sólo recibe apoyo económico de dos fuentes: la Fundación Alfredo Harp Helú A.C. y algunos gobiernos estatales. El apoyo a nivel federal brilla, por ausente. Y aunque según las activistas alcanza para lo necesario, con sutileza sugieren la destinación de más fondos a su causa.

La cultura del uso del documento histórico se convierte en otra de las peticiones de la tarde, inundada de olor a tiempo preso entre solapas. Belém Oviedo hace hincapié en una certeza: luego de diez años hay montañas de material de consulta. Pero casi nadie recurre a él. “No crecimos con un inculcado amor al dato secreto. No aprendimos a valorar al folio apolillado y descifrado con penurias”.

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La conferencia surte efecto. De pronto, media docena de manos levantadas esperan turno para comentar, agradecer y hacer peticiones. Es fabuloso lo que hacen. Apóyennos con una beca para empezar un proyecto de restauración. Gracias por lo que hacen por nuestro país. Diez, veinte, treinta años más de vida: no dejen de fomentar esto nunca…

Los miembros del equipo de ADABI se confiesan admiradores del detalle pasado por alto. Disfrutan su trabajo en la traducción de cada caligrafía exquisita, en la contemplación de rúbricas de personajes históricos, en el descubrimiento de dibujos escondidos en libros que hablan de otras épocas. Pero de paso, benefician a nuestra cronología nacional. Y a nosotros mismos: para no reincidir en lo errado, para reivindicar todo lo bueno.

Todas las copas en alto. ¡Salud!

Fuente: Jolgorio Cultural


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